Nuestros hijos, nosotros, las redes y la ley.

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La tecnología ha comenzado a cambiar el mundo tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Y es un cambio vertiginoso. Varios estudios estadísticos1 de la pasada campaña navideña señalan que un 42% de las compras han sido gadgets tecnológicos (móviles, ipod, ipad, smart tv, etc.) destinados, la gran mayoría de ellos, a nuestros hijos.

Todo padre2 tiene un afán natural de dar a su hijo lo mejor dentro de sus posibilidades, hacerle feliz y facilitarle los medios para que se desarrolle y se relacione conforme a su tiempo y su sociedad. Y he aquí que vemos a muchos padres adquiriendo para sus hijos artilugios sobre cuya utilización en muchos casos no tenemos ni la más remota idea y poniendo en manos de los jóvenes (cada vez más precozmente) esas herramientas, sin darles unas pautas de manejo o explicarles –al menos- cómo se espera de ellos que los utilicen. Digamos que los padres ponemos en manos de nuestros hijos un martillo, sin antes enseñarles siquiera que el martillo es un magnífico instrumento para construir una casita de madera pero que en ningún caso debe utilizarse para abrirle la cabeza a un compañero.

En breve: se trata de nuestro deber de educar a nuestros hijos en el buen uso de las cosas. Educar en libertad y creando espacios de confianza pero sin olvidar nuestra responsabilidad.

Muchos padres damos por sobreentendido que ellos ya lo saben… y no es cierto. ¡No lo saben! Los abandonamos a su suerte, a que aprendan solos. Muchos de los menores creen que lo que ocurre en el mundo digital en realidad no existe o no tiene importancia y no les hemos enseñado que la red es una especie de gran hermano donde lo que viertas, digas o hagas quedará casi para siempre. Que la red no permite el olvido.

Y ahora ya llevamos un tiempo viendo las consecuencias: menores que acceden a redes reservadas a mayores de edad por la facilidad de falsificación de datos; menores que suplantan la identidad de otro para enviar mensajes o fotos a terceros, ya sea con ánimo de broma ya sea con amenazas; menores que envían material pornográfico a grupos de whatssap; menores que se exhiben a sí mismos sin conocer su consecuencia irreparable; menores que se relacionan con adultos creyendo que lo hacen con otro menor… Pues bien… ellos son menores pero nosotros (sus padres) no. ¡Y ya es hora de reaccionar!

Los colegios y el Ministerio del Interior hacen verdaderos esfuerzos por proteger a los menores y poner algunos cortafuegos a las figuras del ciberbullying, sexting, grooming, etc. (busca estos términos en Internet y seguro que se te ponen los pelos de punta) pero esta oleada sólo cambiará cuando nosotros, los padres, por fin hagamos nuestro trabajo.

¿Sabes cuáles son tus deberes legales como padre?

Plantéate estas preguntas: ¿Sabes que tú respondes directamente por cuanto haga tu hijo? ¿Sabes que no sólo tienes el derecho, sino que tienes el deber de supervisar su móvil, su tableta, sus comunicaciones en redes? ¿Sabes que si causa daño a terceros (por ejemplo, a otros menores) ese daño te será reclamado civilmente a ti, padre, con indemnizaciones de cuantías muy elevadas?3 ¿Has explicado a tu hijo que lo que haga o diga en la red ahí quedará y puede perjudicarle a él y a sus amigos en el futuro? ¿Quieres llevarte una desagradable sorpresa cuando ya sea tarde o prefieres ponerte manos a la obra desde ahora y educarle también en esta materia?

Hay muchos padres que han sido mal asesorados y confunden el respeto4 con dejar que el menor campe a sus anchas. No nos llamemos a engaño. La Ley dice que los padres tenemos una responsabilidad in vigilando y tú y yo no podemos dejar de ejercerla sin ser negligentes. Pero -sobre todo- porque les queremos y buscamos su bien.

Ya sabemos que es difícil y que hemos de hacerlo con delicadeza y ternura, explicando las razones (¡aunque con los adolescentes a veces esta tarea es extenuante!) pero no podemos abandonar nuestro rol de padres, porque nos será exigido por la Ley en el momento en que nuestros hijos (por nuestra falta de vigilancia y de formación) transgredan las normas o perturben el derecho de otro y eso, lamentablemente, ocurre entre nuestros hijos mucho más a menudo de lo que nosotros mismos creemos.

7 acciones a tomar:

  • Fórmate. No alegues ignorancia. Sé activo y no dejes por pereza en manos de otros esta tarea tuya como padre.
  • Sé tú el administrador del equipo utilizado por tu hijo (mientras sea menor de edad) para navegar por Internet.
  • Informa a tu hijo de que inspeccionarás regularmente (mientras sea menor de edad) sus accesos a redes, chats e Internet, porque es tu deber como padre.
  • Aprende de memoria o anota en un lugar seguro las claves de acceso de tu hijo (mientras sea menor de edad) e inspecciona efectivamente sus cuentas con regularidad, sin intervenir directamente en sus conversaciones o chats.
  • Educa en libertad y recuerda tu responsabilidad. Crea espacios de confianza. Aprovecha esa inspección para charlar con tu hijo de manera constructiva sobre cualquier asunto; en particular sobre aquellos en los que veas riesgo tanto para él como para los terceros con los que esté en contacto.
  • Transmítele que el mismo respeto a los demás que mantiene en su vida real debe mantenerlo en su vida virtual. Recuerda frecuentemente a tu hijo que lo que vierta, diga o haga en la red quedará registrado/capturado para siempre y que -aunque no sea delito- en el futuro puede arrepentirse porque le perjudique a él o a sus amigos5; que no debe distribuir textos, imágenes o cualquier contenido audiovisual sin tener permiso expreso de su titular y que distribuir pornografía entre menores y de menores es delito6.
  • Asesórate jurídicamente si detectas que tu hijo u otros usan la red de manera ilícita y, si es preciso, denuncia.

Seamos diligentes. Seamos activos. Seamos valientes. ¡Seamos PADRES!

“Lo único que necesita el mal para triunfar
es que los hombres buenos no hagan nada”
Edmund Burke

1  eleconomista.es
2  Cuando decimos padre nos referimos al genérico, por lo que incluimos a padres y madres en el mismo concepto.
3  El Código civil recoge el deber de velar por las conductas de nuestros hijos (arts. 154, 269) y asumir la responsabilidad (art. 1903)
4  Convención sobre los Derechos del Niño – Naciones Unidas - 20 Noviembre 1989
Art. 13.- 1. El niño tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño.
2. El ejercicio de tal derecho podrá estar sujeto a ciertas restricciones, que serán únicamente las que la ley prevea y sean necesarias:
a) Para el respeto de los derechos o la reputación de los demás; o
b) Para la protección de la seguridad nacional o el orden público o para proteger la salud o la moral públicas.
5  El 89% de las compañías de EEUU en 2011 han buscado a sus candidatos en las redes sociales (datos aportados por Careerenlightment). En España, el 49% de las empresas utiliza las redes sociales para seleccionar personal (según el estudio realizado por Unique-Randstad en 2010) y este porcentaje crece anualmente.
6  Art. 186 y siguientes del Código Penal.
Think before you speak. Read before you think.
Fran Lebowitz

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