No dejes para mañana...

(Por Myriam Hodgson)

Las escuelas de negocios han refrescado el verbo procrastinar, pontificando que tenemos tendencia a procrastinar nuestras tareas o sea, aplazar las obligaciones para improvisar, en el último minuto, cuando el peligro es inminente.

Sea o no verdad, si hay algo que no admite retraso es la acción enérgica e inaplazable en la protección de nuestra imagen, ya sea personal o corporativa. Trabajemos bien. Hagamos de nuestros establecimientos lugares de referencia, y -sobre todo- estemos atentos al cliente en persona y en la nube; en el local y en la web. Su opinión cuenta más que nunca por su efecto multiplicador a través de la red. Y es que a ojos del cliente… ¡Qué pérdida de efecto el de la clásica hoja de reclamaciones!

Pues bien, la protesta del cliente debe cumplir unos requisitos básicos para estar amparada por la Ley, ya que ni los insultos -que dibujan juicios de valor- ni las falsedades tienen cabida en el derecho a la libertad de expresión y la libertad de información.

Mejoremos nuestro servicio cuando las críticas se basen en hechos ciertos, pero no procrastinemos en ejercer nuestro derecho, cuando no es así. Nuestro silencio les da carta de naturaleza. Escriben más los descontentos que los satisfechos. ¡Consigamos que por cada crítica cierta negativa haya cientos de positivas! Y las que no lo sean, que encuentren pronta respuesta con las herramientas legales. De no hacerlo, el daño reputacional puede ser irreparable.

Publicado en la revista  “QUALITY Profesionales del Turismo”
Myriam Hodgson

Abogado

Think before you speak. Read before you think.
Fran Lebowitz

Iniciar Sesión or Create Account

 

Las cookies de este sitio web se usan para personalizar el contenido, idioma. colores, etc. Usted acepta nuestras cookies si continúa utilizando nuestro sitio web. (Leer más...)